jueves, 7 de octubre de 2010

Control

No fue tanto el agudo dolor de cabeza como la vaga y desconcertante sensación de extrañeza, de no tener el completo control de sí mismo, lo que llevó a Erbo a detener su vehículo y quitarse el escáner. Disimulado en un cómodo y elegante casco de cuero que cubría poco más que el pelo, su escáner de última generación, tenía todas las características de la versión Estándar. El módulo de pensamiento, el de cálculo y el enciclopédico eran excelentes... 

Para seguir leyendo puedes Descargar Control
                                                            

miércoles, 22 de septiembre de 2010

El puente de Brooklyn

Antes de responder, Jenny volvió la vista hacia los intensos ojos negros que la observaban. Las cosas no suceden como uno lo espera, pensó. Aunque en realidad nunca había esperado nada concreto. En todo caso tenía claro lo que no quería que le ocurriese. Por eso abandonó Jacksonville. Por eso y porque la vida es así, había cruzado el puente de Brooklyn y se encontraba ahora allí.

Para seguir leyendo puedes Descargar El puente de Brooklyn
 

lunes, 20 de septiembre de 2010

Cala salada

Apenas llegamos a Cala salada, tuve la sensación de que diez días de vacaciones veraniegas iban a ser muchos para un pueblo tan pequeño. Poblado más que pueblo, con una hilera de casa en la misma arena y una carretera tras la segunda fila de casas, Cala salada tenía un hotel, dos chiringuitos, tres restaurantes y quinientas almas en verano. En invierno quedaba reducido a una veintena de habitantes y uno de los dos chiringuitos que abría los fines de semana.

Para seguir leyendo puedes Descargar Cala salada
                                                            

miércoles, 14 de abril de 2010

El Ogro (Eiger)

La montaña siempre espera. Esperó el Cervino a que Edward Whymper y sus compañeros lo ascendieran por primera vez en 1865. Esperó el Eiger, el Ogro, a que Rabadá y Navarro acometieran trágicamente el ascenso de su cara norte, la Eigernordwand. Nos esperaron las montañas alpinas a que junto con mi familia recorriéramos en verano los deliciosos valles suizos y nos aproximáramos a las bases de sus majestuosas cumbres. Hay un dicho en montaña cuando no haces cima: puedes volver a intentarlo cuando quieras, la montaña seguirá ahí.

Para seguir leyendo puedes Descargar El Ogro
                                                           

lunes, 5 de abril de 2010

Cristine

El cielo se había cubierto por obscuros nubarrones. La jarcia se agitaba frenética, azotada por un viento que crecía incesante y levantaba grandes olas. El barómetro no había parado de bajar en las últimas horas y el parte meteorológico no dejaba lugar a dudas: un ciclón tropical se acercaba y barrería dentro de escasas horas las aguas por donde navegaba. La decisión estaba clara, debía alterar mis planes, si es que acaso tenía planes, e ir a tierra lo más rápido que pudiera.

Para seguir leyendo puedes Descargar Cristine
                                                           

martes, 2 de febrero de 2010

La charca

Hola amigos!, soy Roberto, Roberto Wilson Batracio, y habéis tenido la enorme suerte de conocerme. Soy una rana macho. Un rano. En realidad soy el rano más divertido, simpático, burlón, admirado y apuesto de toda la charca. Todos los ranos quieren ser mis amigos y no es extraño ya que a mi lado no falta la diversión. El que viene conmigo sabe que tiene la juerga asegurada. Sé como gastar el dinero, en todos los locales me reciben con reverencias, nunca falta la alegría a mi lado. Nuestras farras son memorables. Y todos saben que pueden encontrar ranas hembra a mi alrededor, que revolotean en torno a mí. Sí amigos, porque si alguna debilidad tengo, son las hembras de rana.

Para seguir leyendo puedes Descargar La charca
                                                   

viernes, 29 de enero de 2010

El último campeón

Supe de tu triste final. Desde entonces desapareciste de mi mente. No eres una persona agradable cuya memoria guste evocar. Representas una buena parte de lo peor que hay en los humanos, sus peores vicios, la vanidad, la soberbia, la ambición desmedida, el desprecio por los otros. Decidí no pensar nunca más en ti. Pero la otra noche te cruzaste de nuevo en mi camino. Ebrio y delirante, salías de un bar y cuando nos reconocimos tardaste en reaccionar.

Para seguir leyendo puedes Descargar El último campeón